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El gato de “angola”

Esta tarde hablando con José Luis Casal @JLCasal he descubierto una faceta suya para mi desconocida: es escritor de post sin blog.

Cuando he leído su entrada, mi primera intención era compartirla en Twitter para que muchos de los que le conocéis y los que le conoceréis a futuro pudiérais deleitaros con su lectura, conocerle un poco más a fondo, pero no tiene blog y sus post están “escondidos” en Facebook, por lo que el enlace difícilmente sería accesible. Por tanto aquí lo tenéis y espero lo disfrutéis tanto como yo.

EL GATO DE “ANGOLA”                              POR JOSE LUIS CASAL

En mi pueblo, Betanzos, había un hombre, Vicente Granero, que presumía de tener un gato llamado Keko.  Era uno de esos que tienen mucho pelo y que él decía que era un “gato africano” porque era de “Angola”.

Han pasado años desde aquella simpática anécdota de Vicente y Keko y, desde entonces, mi vida ha dado mil vueltas… o más. Sí, ahora que lo pienso, muchas más de mil.

El que me conoce sabe que siempre he sido muy inquieto, con una sana ambición por el crecimiento personal, humano, profesional y económico; por favor, por ese orden, en el que, en la medida de lo posible, he buscado mejorar y formarme con el fin de optimizar y mejorar ese crecimiento que busco. Además el saber no ocupa lugar, ¿no?

He hecho todas las actividades que mi situación me ha permitido y he potenciado mis aficiones al máximo aunque, por cosas de la vida abandoné la que más quería y era mi pasión: la música.

Siempre he estado dentro de colectivos, asociaciones y organizaciones porque estoy convencido de que toda la experiencia, conocimientos, actitudes y aptitudes que uno tiene ha de compartirlos y transmitirlos con el objetivo de que todos crezcamos y mejoremos más y más. Eso sí, esto ha de hacerse de manera desinteresada, sin buscar obtener nada a cambio.

Me alucina la gente. Observo lo que hacen, cómo se comportan. Lo que dicen, cómo lo dicen. Es algo que no puedo evitar. Nunca con un fin “cotilla” sino de aprender. Alguien a quien echo mucho de menos me bautizó “Furuno” que, para el que no lo sepa, es una marca de radares de barco.

El caso es que siempre he dicho que el camino más corto entre dos puntos es una línea recta y la vida ha de ser igual… Desde donde estamos hemos de buscar un objetivo claro y concreto e ir a por él intentando mantener la línea del recorrido lo más recta posible. Claro que hay altibajos, claro que hay problemas, claro que durante el camino vamos cargando la mochila de cosas y cada vez el camino se hace más duro y pesado pero… ¡qué bonita es la recompensa final!

Cuando estudiaba en el Conservatorio hice un trabajo sobre Tchaikovsky y quedó grabada en mi mente una frase que dijo el final de sus días: “La pena del pasado, la esperanza del porvenir, pero jamás la satisfacción del presente”. Así es como ha transcurrido mi vida”. Me prometí que jamás permitiría que un pensamiento similar entrase en mi vida.

¿Mi objetivo? Siempre lo tuve claro. Intentar proteger a los míos y que nunca les faltase nada y ayudar en todo lo posible a los demás. Siempre de manera acordé a mi situación y al momento.

Aunque “ruidoso” siempre me ha gustado mantenerme en un discreto segundo plano aupando en lo posible a los demás. Los hechos están ahí y los resultados, mejores o peores se pueden “ver y tocar” y mi balance es más que satisfactorio.

Debido a esas “cosas de la vida” que citaba antes  y a esas más de mil vueltas que he dado, se produjeron cambios de domicilio, “modificaciones” laborales y pérdida de Amigos. Algunas han sido grandísimas pérdidas que llevo y arrastro en “mi mochila” cada día, pero que he tenido que hacer para poder protegerme y pasar página.

También, y después de tantos años he sabido quién está y quién no… Ha habido sorpresas y también decepciones pero de todo se aprende. Y sí, desde pequeños hay alguien que siempre, siempre ha estado, incluso después de temporadas “desaparecidos” nos hemos tenido ahí. Y creo que se lo he dicho, pero es una de las personas que más quiero del mundo.

Una noche cenamos. Estaba con su “pandilla” y me presentó a todos los que no conocía. Fue una noche de muchas risas que me sirvió para “despejarme” un poco y me fui súper feliz para casa, sobre todo después de una especial “conexión” con uno de los asistentes. Nada serio, pero algo quedó ahí, aparte de nuestros teléfonos intercambiados.

En estos meses ha habido cafés, mails, mensajes, comidas, cine, canciones, coincidencias, secretos, escondites, cambios de ritmo y velocidad y una invitación. Una invitación a una gala benéfica en la que un grupo de compañeras “sanitarias”, con un corazón enorme, han invertido una cantidad inmensa de horas preparando una fantástica coreografía con el fin de recaudar dinero para una ONG. De algo sirvió. No pude asistir con gran pena a aquella gala, pero mi contribución a la causa fue inmediata.

Después de un periodo de ralentización vino un café en el que utilizando ese clima de confianza que siempre tuvimos nos dijimos un montón de cosas y acercamos posturas y opiniones y, como bien lo bautizó, ese lunes marcó un “antes y un después” que, de manera alucinante provocó una serie de cambios en nuestras actitudes y en las formas de ver las cosas.

Y yo confirmé una de mis sospechas: tengo ante mi a alguien alucinante y especial que tiene mucho que dar. Y además, como ayer le dije, me “flipan” tantas coincidencias y formas de pensar comunes. Tanto que me dejan sin palabras.

Creo que después de dar palos de ciego durante varios meses buscando reforzar su dañada autoestima ha descubierto de forma clara cual es su objetivo y cual es el punto al que quiere llegar y claro, se ha dado cuenta de que lo más fácil y sencillo es intentar trazar una línea lo más recta posible, ¿os suena? y entre sus planes está el de colaborar “in-situ” en una ONG en Angola.

Angola, rico en reservas de gas y petróleo pero muy pobre porque desde que dejó de ser colonia de Portugal en 1975 no ha dejado de tener conflictos armados. Una inmensa mayoría de su población subsiste gracias a la agricultura y teme volver a los campos de cultivo porque se encuentran llenos de minas.

Y todo esto… me ha hecho reflexionar. Mucho. ¿Realmente me siento realizado? ¿Realmente aquí sirve de algo mi ayuda? En España los problemas son por culpa de nuestros excesos, en Angola los problemas son por culpa de sus carencias.

¿Y si manteniendo intacto mi objetivo en la vida cambio únicamente la ubicación del mismo? Creo que tengo muchos recursos para conseguirlo y estoy convencido de que tengo mucho que dar.

¿Alguien quiere que le traiga un gato de “Angola”? ¿Tú qué dices? ¿Tengo sitio en tu maleta? ¿Y en tu mochila?

Gracias a todos por seguir ahí y gracias a ti por provocar tanto en mi interior y recordad que quien tiene un “para” que vivir, siempre encuentra un “cómo”.

Nota: Bio de Jose Luis Casal

  • Asesor Financiero/Mediador de Seguros defensor de innovación y creatividad como solución a la mayoría de problemas. Miembro Junta Directiva AJE Coruña
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